Caso 1: Corrupción y Violencia en la cultura colombiana.

Cuando hablamos de lo ético implícitamente también debemos remitirnos por defecto a lo no ético, es decir, todas aquellas conductas catalogadas como incorrectas, erróneas, negativas o malas que impiden un adecuado desarrollo y progreso tanto a nivel individual como colectivo. Podemos encontrar dentro de dichas conductas múltiples manifestaciones de diversa índole que atentan contra la acepción moral establecida por la sociedad. Dentro de estos comportamientos perjudiciales se hallan dos términos de amplia envergadura como: corrupción y violencia, los cuales han trascendido y transgredido en mayor o menor medida todas las culturas en el mundo.

Colombia, oficialmente República de Colombia, es un país sudamericano de 50 millones de habitantes, considerado un estado social de derecho, uno de los mejores garantes de la denominada «democracia» de Occidente, regido por un código si bien no ético en el sentido estricto de la palabra, si regulador, conocido como la constitución política de 1991. Pese a ello, ha sido victima de la violencia y la corrupción, las cuales han estado incrustadas a lo largo de su historia, por lo menos en lo que se documenta en cuanto a su condición de estado-nación desde su independencia el 20 de Julio de 1810. Y es que estamos hablando de un país que según diversos estudios se destaca entre los 10 países más peligrosos del continente americano y ocupa la primera posición en el ranking de los países más corruptos del mundo según el U.S News. Anualmente la corrupción le cuesta al país cafetero 50 billones de pesos, algo así como el 5% del PIB y el 20% del presupuesto nacional. Por otro lado la tasa de homicidios equivale a 25,4 por cada 100.000 habitantes, una de las más altas de la región junto a México, Belice, Honduras, entre otros. De allí la importancia que se requiera hacer un ZOOM, para comprender las causas, consecuencias y como se relaciona el actual conflicto colombiano con el sentido ético a fin de establecer posibles soluciones.

La relevancia de conocer las cifras oficiales sobre corrupción y violencia son necesarias para contextualizar el escenario actual del estado colombiano, al cual se suma una serie de situaciones irregulares declaradas por la alta comisión de las naciones unidas para los derechos humanos (OHCHR) quienes en su último informe reflejaron en el país latinoamericano un aumento en la cifra de lideres sociales asesinados, persecuciones contra la libertad de prensa y retrocesos en el actual proceso de paz.

Una vez identificado el escenario presente de nuestro objeto de estudio, se debe realizar una contextualización histórica sobre eventos de similares características, para comprender si la misma es una conducta social reiterada en el tiempo, en cuyo caso nos pueda dar nociones más asertivas y puntuales sobre los momentos o el momento exacto del inicio de tales comportamientos inmorales.

La investigación realizada nos lleva no a una sino muchas situaciones de conductas inadecuadas o contraproducentes impropias de un estado social de derecho amparado en una carta magna y bajo la jurisdicción de la declaratoria de los derechos humanos. A continuación se realiza un recopilación de algunos momentos que han marcado la historia de Colombia a lo largo de los últimos años e indirectamente podremos conocer de cerca su relación con la ética según juicios de valor preliminares a fin de profundizar en ellos más adelante dentro del mismo articulo. A cada hito, se le ha añadido una breve descripción para comprender su implicación y alcance, siendo los siguientes:

Asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento.

Fue un magnicidio ocurrido el 18 de Agosto de 1989, perpetrado por sicarios al servicio del narcotraficante Gonzalo Rodriguez Gacha (miembro del Cartel de Medellín). La corte suprema de justicia de Colombia lo ha catalogado como un crimen de lesa humanidad, aunque con el tiempo han ido apareciendo pruebas que vinculan al estado colombiano con cierto grado de responsabilidad, entre quienes destacan representantes como el ex-senador Alberto Santofimio Botero condenado a 25 años en 2011 por dicho asesinato, igualmente la participación del Departamento Administrativo de Seguridad Nacional (DAS) en cabeza de su entonces director el General Miguel Maza Marquez condenado a 30 años por concierto para delinquir y vínculos directos con paramilitares del Magdalena medio como Henry de Jesús Perez.

Desafortunadamente tiempo después se pudo saber que el asesinato del candidato liberal obedeció a fines políticos para que no llegará a la presidencia, en su asesinato aún con cabos sueltos por esclarecer participaron activamente paramilitares, carteles de droga, miembros de la policía nacional, el DAS y políticos en ejercicio. Por este caso, se capturó deliberadamente a Alberto Jubiz Hazbum con acusaciones falsas que lo señalaban de ser el asesino de Galán, este erróneo proceder de la justicia le conllevó 42 meses y 10 días en prisión, al salir demandó al estado, murió en 1998 sin conocer el fallo favorable del consejo de estado que lo exoneraba de las falacias judiciales y policiales, y obligaba al estado colombiano a compensarlo con 3.000 millones de pesos.

Asesinato del periodista y humorista Jaime Hernando Garzón Forero.

Hechos acaecidos el 13 de Agosto de 1999 en la capital de la República, justo 10 años después y en el mismo mes del sanguinario asesinato de Luis Carlos Galán, sicarios atentaron contra la vida del humorista colombiano propiciándole la muerte inmediata. Hoy, más de 20 años después el crimen sigue sin resolverse en su totalidad, sin embargo se pudo establecer que en el hubo participación de diferentes fuerzas legales e ilegales que querían muerto a Jaime Garzón por intereses políticos. En dicha responsabilidad compartida convergieron nuevamente el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) pero esta vez en cabeza del ex-subdirector Jose Miguel Narvaez. El estado mayor de las autodefensas unidas de Colombia, en representación de su comandante en jefe Carlos Castaño y el grupo sicarial conocido como «La Terraza».

Como si de un juego del destino se tratara, esta vez también capturaron las personas equivocadas y tuvieron que pagar 5 años de cárcel injustamente, hasta que un juez especializado los absolvió al evidenciar que los testigos que lo señalaban mentían. Lo cierto es, que pese a que se logró identificar los autores intelectuales del homicidio, aún se presentan muchas dudas e interrogantes que tendrán que ser debatidos y esclarecidos en la JEP (Jurisdicción especial para la paz), proceso de Paz implantado por el anterior presidente de Colombia y que aún se encuentra activo en pro de la verdad, justicia y reparación de las miles de familias victimas del conflicto armado en el país.

Exterminio sistemático del partido político Unión Patriótica.

Uno de los episodios más tristes y dolorosos en la historia de Colombia se vivió entre 1984 y 2002, periodo en el que fueron asesinados de manera sistemática aproximadamente 5.000 miembros del partido por izquierda Unión Patriótica. Vilmente asesinados por paramilitares en complicidad con organismos estatales, un nuevo capítulo de la estrecha colaboración entre gobierno y fuerzas subversivas es escribió. Los datos de personas asesinadas son escalofriantes:

2 candidatos presidenciales (Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongomez)

8 congresistas / 13 diputados / 70 concejales / 11 alcaldes / cerca de 5.000 militantes.

Dentro de los asesinatos también destaca el del político Manuel Cepeda, padre del hoy senador Ivan Cepeda, quién meses antes había denunciado el Plan «Golpe de gracia», con el que paramilitares pensaban ultimar miembros de la Unión Patriótica. Pero el estado falló y no pudo garantizar su protección, más aún porque nuevamente las figuras de Carlos Castaño (AUC) y Jose Miguel Narvaez (DAS) junto a varios políticos fueron piezas claves para lo que hoy se puede considerar crímenes de lesa humanidad.

Finalmente en la JEP 16 miembros de la fuerza pública reconocieron su participación en los asesinatos selectivos, entre estos se hallan: un brigadier general, tres mayores, un capitán, un teniente, un subteniente, dos sargentos viceprimeros, tres sargentos segundos, un cabo segundo, dos soldados profesionales y un agente de inteligencia. Los crímenes siguen esclareciéndose ante el perdón pedido por el estado colombiano.

Parapolitica

Escándalo desatado en el año 2006 en el que se revelaba la vinculación de políticos colombianos con miembros de las autodefensas unidas de Colombia. Ese año la Procuraduría General de la Nación adelantó 519 procesos por este tema, salpicando a 26 senadores de la República, 18 representantes a la cámara, 3 gobernadores, 2 alcaldes, un gerente de partido, y el ex director del Das el señor Jorge Noguera.

Falsos positivos

Fue como se conoció a un proceso de ejecuciones extrajudiciales por parte del Ejercito Nacional de Colombia, en el que asesinaban civiles y los hacían pasar por guerrilleros caídos en combate con el fin de hacerse con los beneficios del programa «seguridad democrática» incentivado por el presidente Alvaro Uribe Velez y su ministro de defensa el señor Juan Manuel Santos. Se estima según diversas ONG que en dicho exterminio selectivo perdieron la vida entre 6.000 y 10.000 personas inocentes, aunque ante la JEP, el ejercito reconoció solo a 2.248. Por estos crímenes fueron destituidos varios generales y comandantes a lo largo y ancho del territorio nacional.

Lideres sociales asesinados.

En el informe del alto comisionado de las naciones unidas para la defensa de los derechos humanos, este advirtió sobre el incremento desmesurado en el asesinato de lideres sociales en Colombia con cifras que oscilan entre 450 y 555 entre los años 2016 y 2019. En lo que respecta al año en curso (2020) la cifra ya alcanza los 71 asesinatos de lideres y 20 homicidios de ex-guerrilleros sometidos a la JEP.

Los anteriores, son solo algunos de los casos más representativos de corrupción y violencia en suelo colombiano, podríamos seguir profundizando en escándalos de renombre como agro-ingreso seguro, persecuciones a la prensa, chuzadas del DAS, finagro, la yidispolitica, la ñeñe-politica, las chuzadas del ejercito, la comunidad del anillo en la policía nacional, asesinatos de políticos y testigos, etc. Pero este artículo no alcanzaría para englobarlos a todos, ya que tal como vemos, estamos ante un estado-nación que se halla en una profunda crisis de identidad, cultura, moral y de dignidad.

La contextualización y análisis inicial nos lleva a determinar que las conductas anti-éticas son una constante, que el estado social de derecho se ha visto vulnerado de manera reiterativa, y que en la actualidad el comportamiento dañino no ha mermado sino que por el contrario se ha acentuado simplemente mutando de escenario. Dado este balance, es momento de ahondar en los causales del conflicto ético en cuestión, para ello es perentorio en primera medida definir los factores desde los cuales se va abordar el estudio del caso. Dicho lo anterior, las medidas predeterminadas deben ir orientadas a componentes de diferentes enfoques tales como: historia, politica y sociedad.

Factor Histórico

Para empezar como dato curioso Colombia se nombró así como tributo al descubridor de América, el navegante Cristobal Colón. No obstante, no existen pruebas que Colón haya pisado suelo colombiano, como si lo hizo su compañero Alonso de Ojeda, que llegó al desconocido suelo suramericano en 1499 procedente de Santo Domingo.

El proceso colonizador se llevo a cabo entre los años 1499 y 1810. Poco más de tres siglos de sometimiento, donde gradualmente los colonizadores españoles fueron asentándose mediante actos bélicos y barbaricos a lo largo del territorio, protagonizando masacre de pueblos aborígenes, importación de nuevas enfermedades, violaciones sexuales, saqueos masivos y destrucción cultural de las diferentes tribus que hallaron en el camino, hasta el punto de la implantación de una nueva forma de gobierno, una nueva religión predominante (la católica) y el adiestramiento social y cultural. Para estos fines se valieron de la corona española, muchos soldados y esclavos africanos traídos a través del atlántico, quienes eran utilizados para diversas tareas de extracción de recursos naturales, siembra, cosecha y la construcción de embarcaciones.

Todo esto hasta el grito de independencia ocurrido el 20 de Julio de 1810 que marcaría el fin de la colonización y dominio a manos del imperio español, para dar paso a las provincias unidas desde 1811 hasta 1816. Tras el derrocamiento de los españoles, la que posteriormente sería conocida como la República de Colombia vivió varios procesos menores independentistas, quienes promulgaban diferentes ideas entorno a la organización politica, la cual venía dada principalmente por una guerra entre centralistas y federalistas. En 1816 el derrotado imperio español, después de librar su propia guerra contra la invasión francesa, intenta retomar los territorios insurrectos, con tal mala fortuna que para el 7 de Agosto de 1819 fueron totalmente abatidos por cuenta del libertador Simón Bolívar y este conformaría la Gran Colombia.

Factor Politico

Tras el grito de independencia en 1810, las distintas provincias que hoy conforman el territorio colombiano entraron en disputa, una guerra entre los que estaban a favor de un gobierno centralista y otros de uno federalista, este episodio fue denominado como «La patria boba» y tuvo su final tras el intento de reconquista español en 1816.

Los problemas políticos siguieron aconteciendo y Colombia tuvo otros muchos nombres antes de ser conocida como la actual República, entre ellos encontramos: La Gran Colombia, República de la Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y finalmente de forma oficial hasta nuestros días República de Colombia. Obviamente, tras cada proceso de cambio de nombre muchas fueron las guerras militares y políticas libradas, todo esto hasta 1886. Justo cuando parecía que todo se calmaría, en 1899 aparece «la guerra de los mil días» que fue una guerra entre partidarios liberales y el partido nacional, pugna que no acabaría hasta 1902 con la pérdida de Panamá por presión politica de Estados Unidos y las nefastas consecuencias internas.

Posterior a ello, entre 1930 y 1957 se daría en el país un periodo de guerra entre el partido liberal y el partido conservador que se trasladó a la población civil. Esta época de la historia colombiana es conocido llanamente como «La Violencia», la cual se agudizó en 1948 con «el Bogotazo» un hecho histórico de gran repercusión, pues tras el indiscriminado asesinato del candidato presencial del partido liberal Jorge Eliecer Gaitan Ayala, la furia de la gente se exacerbó y un pueblo profundamente herido se tomó las calles en diferentes ciudades del país protagonizando actos vandalicos, de violencia y fuerza desmedida, que terminaría por incendiar casi por completo al estado.

Es así como en 1958 aparece el Frente Nacional el cual se extendería hasta 1974 y no sería otra cosa que un acuerdo por la división del poder entre los dos partidos políticos más grandes de Colombia, el liberal y el conservador. Allí se dictaminaba que cada 4 años, los partidos anteriormente mencionados se turnarían la presidencia del país. Un pacto que no tomaba en cuenta el derecho y opinión de las minorías, pero que sirvió para frenar la violencia por alrededor de casi 20 años.

Tal vulneración a los derechos de las minorías trajo consigo «Paz» efímera en la población civil, pero rebelión por parte de aquellos que estaban siendo apartados de su derecho a la participación política en los designios de la nación, aquellos que estaban siendo sometidos por dos gigantes partidos políticos en manos de unas pocas familias, y bajo esta premisa es fundado en 1964 en las selvas de Colombia el grupo subversivo denominado FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que trajo consigo una descomunal ola de violencia en las zonas rurales, en contraposición de lo que pasaba en el gobierno y la naciente oligarquía criolla, esta guerrilla se apoderaba de los pueblos olvidados por el estado colombiano y crecía su área de influencia.

Tras el fin del Frente Nacional, desde 1974 y hasta el día de hoy en Colombia, el país cambiaría su retórica de lucha de clases por la del exterminio de cultivos ilícitos y grupos subversivos, entre los que destacaban no solo las FARC, sino el ELN, EPL y otros tantos, quienes amenazaban la cohesionada democracia del estado social de derecho. Sin embargo tiempo después la historia se repite, y la pugna política se mantiene entre los partidos de derecha apoyados por comerciantes, terratenientes y familias poderosas, en contra del continuo ascenso de partidos de izquierda soportados en las clases obreras y minorías colombianas.

Factor Social

Aquí englobamos las perspectivas sociológicas, psicológicas y antropológicas del pueblo colombiano para su análisis, pues corresponden al mismo objeto de estudio, el cual consiste en la mutación o transformación social desarrollada desde aquellos tiempos donde los pueblos aborígenes eran masacrados y esclavizados por cuenta del imperio español hasta el proceso de globalización que actualmente atraviesa la nación.

Colombia es un país multicultural desde su época precolombina, en la que abundaban diferentes etnias, tribus y clanes que adoptaban distintos elementos culturales en cuanto a vestimenta, lengua, creencias, tradiciones, arquitectura, escritura, etc. Estos pueblos nativos cuya procedencia u origen no se ha logrado confirmar con exactitud, se asentaron en varias regiones y desde allí, en la clandestinidad propia de los indígenas, salvaguardando la integridad de sus miembros y territorio, luchaban contra todo aquello que amenazara su entorno o pusiera en riesgo su subsistencia, y no tenían la conquista de tierras como su rasgo predominante a diferencia de imperios nativos de otras naciones. Para aquellas fechas, el pueblo más grande en Colombia era el muisca, quién compartía tierras y más de 15.000 años de historia junto a otros aborígenes de indistinta procedencia.

Tras la conquista española, los pueblos nativos se vieron sometidos a enfermedades, guerras y otras varias tragedias, que se tradujeron en la eliminación de miles de indígenas. Fue así como comenzó la inmigración afro, que no era otra cosa que el comercio de esclavos africanos introducidos en territorio colombiano, esto llevó al cruce de varias razas de distinto génesis, y fue así como blancos, negros e indios dieron lugar al mestizaje. La carga genética, los cruces de razas, tres siglos de colonización y una realidad atípica a los tiempos antes del Siglo XV fue modificando el comportamiento de las nuevas generaciones, quienes nacían lejos de las tribus libres precolombinas para formar parte del régimen totalitario del imperio español. Ese mismo que heredó directamente desde tierras europeas la implantación forzosa de la religión católica, quitando por demás cualquier otro tipo de creencia so pena de perecer bajo el yugo de la monarquía española. Y la religión no sería lo único, las costumbres y tradiciones de los aborígenes fueron eliminadas y re-definidas a conveniencia de los gobernantes de las diversas provincias, siendo progresivamente eliminado el conocimiento de los pueblos nativos, y apropiándose desmesuradamente de sus recursos. En este proceso de culturización subyugada, se fueron introduciendo elementos propios los españoles, siendo el más representativo de ellos el uso de la lengua castellana, así como, el calendario, alimentos, animales, el espejo, la pólvora, la grasa, etc.

Con la evidente pérdida de identidad de los pueblos nativos, los cambios implantados por el imperio, la eliminación de gran parte de aborígenes a causa de guerras y enfermedades, así como el cruce de razas, las citadas nuevas generaciones nacían al servicio del imperio, y asimilaban el proceso de «normalización» con mayor facilidad, en tanto que los españoles se apoderaban de las riquezas del suelo colombiano para llevar a su país natal, y a cambio las hasta entonces tribus indígenas eran domesticadas para la vida en sociedad, que dicho en otros términos, era la integración de los diferentes clanes completamente diferenciados entre sí hacia una nueva forma de vida que requería de su sana convivencia para el progreso y expansión de la monarquía. Y la naturaleza endeble, temerosa y pasiva de los aborígenes quienes en un primer momento se rebelaron ante las fuertes intromisiones e invasiones de sus territorios, posteriormente retornaría a sus orígenes para servir acuciosamente en los propósitos de los reyes y nuevos gobernantes sin mayores complicaciones. Por otro lado, la pacifica resistencia de los nativos americanos en esta parte del mundo, se vería colapsada en la última mitad del siglo que propició la independencia, pues los abusos de los gobernantes españoles, sus deseos de in-subordinación y poder, aunados a su naturaleza bélica de conquistadores, trajo problemas al interior de la nación entre las distintas provincias conformadas, ocasionando un sin número de conflictos en diferentes zonas controladas por el imperio, y los ánimos de la población fueron agudizándose a tal punto que se levantaron en contra de sus opresores, ocurriendo el tan conocido grito de independencia y eventos sucesivos.

Después de tales acontecimientos, y como parte de la herencia bélica del imperio español, la mínima educación de los pueblos nativos y los deseos de poder, produjeron de inmediato revueltas entre los mismos colonos, que entraron en la denominada «Patria boba» hasta el intento de reconquista español e independencia total en 1819. Posteriormente, y desde entonces, los problemas para el control del poder dejado por los españoles sigue enfrentando a los criollos y generando múltiples problemas derivados, lo que ha retrasado el desarrollo y progreso de la nación, que aunque atrasada, según sus antecedentes y contra todo pronóstico ha evolucionado.

Los problemas sociales mutaron en su forma pero no en su esencia, la guerra ya no es contra los conquistadores españoles, sino entre su misma gente, una mezcla de razas que da lugar a una patria cosmopolita ansiosa de poder. De igual forma, y en la misma medida, su lucha ya no es con el proceso de culturización de colonizadores, sino contra la nueva globalización en busca de sociedades genéricas. Y para finalizar la perspectiva social, su pelea ya no es contra el desconocimiento, falta de educación o «atraso», sino contra su carga emocional histórica.

Conclusión:

Hemos viajado por la historia de Colombia para entender su contexto actual, hemos identificado los problemas en los que se encuentra inmersa la nación, hemos definido las causales de la conducta anti-ética bajo el estudio de tres parámetros diferentes, y hemos analizado sus implicaciones en el desarrollo de la sociedad.

Conforme lo anterior, es posible deducir que indiscutiblemente el estado-nación colombiano, se encuentra sumergido en una profunda crisis de identidad que la mantiene lejos de todo tipo de juicio ético y moral, donde los valores y principios naufragan a la deriva sin rumbo fijo, sin un norte, sin un horizonte, pues existe una carga emocional histórica de características represivas, abusivas e intrusivas que irrumpieron abruptamente en el colectivo para cambiar una historia de 15.000 años en poco más de 300 años de subordinación, con el agravante que estos cambios dominantes fueron ejecutados mediante barbaries sobre una población de naturaleza sumisa y/o timorata.

A este peso histórico, cuan si se quiere genético, se suma el hecho de la adaptación forzosa a nuevas formas de vida opuestas a su contenido cultural, el cual fue paulatinamente borrado hasta la imposición de los intereses de la sociedad invasora. Tres siglos de opresión que culminaron con el estallido generalizado de los individuos agobiados, con tal fuerza que lograron expulsar al aparato gobernante tiránico. Produciendo en lo sucesivo un vacío de poder que no ha logrado estabilizarse hasta nuestros días y se ha visto representado por medio de diferentes conflictos políticos, sociales y militares. Esto a su vez, como resultado de la mezcla de razas, etnias, clanes, y pueblos aborígenes de aquellos siglos de lucha y despotismo.

Una historia turbulenta en la memoria colectiva del pueblo colombiano, que se refleja hasta nuestros días y se manifiesta en todos los niveles sociales del mundo moderno. Una lucha de poder que se mantiene entre dos fuerzas políticas que han ido mutando con el tiempo en cuanto a forma pero no en cuanto a esencia, generando un vacío de poder, falta de liderazgo y confusión social, ocasionando la proliferación de actitudes parcas, inmorales, negativas y violentas, que se transmite a todos los individuos del estado-nación, quienes desde su calidad de ciudadanos observan los comportamientos de sus dirigentes y los replican a nivel individual en sus actuaciones diarias, pues es de entender que la relación gobierno-pueblo no es muy distante de la del padre con su hijo, o la del pastor con su rebaño, donde se copia, aprende e imita en las mismas proporciones, más aún cuando la educación y la reflexión han sido cambiadas por el entretenimiento banal y la opresión. Tomando en cuenta estas premisas, no es de extrañar, que lo que vemos en la ciudadanía no sea otra cosa que la representación microscópica de lo que sucede a nivel macroscópico que sanguinariamente termina de permear tan profundamente en la sociedad que se convierte en una idiosincrasia, un componente esencial y diferenciador de la cultura, que adopta la forma de un circulo vicioso que se transfiere de generación en generación ante la pasividad para cambiarlo.

Se evidencia claramente que la perdida de identidad no es reciente, sino el resultado de varios eventos que marcaron el devenir de la sociedad colombiana. Estamos hablando de un pueblo oprimido que en su intento por no quedarse atrás fue queriendo adaptarse a procesos de características universales como la democracia, los derechos humanos, la globalización, el capitalismo y el neoliberalismo.

Ese pueblo rezagado que intenta estar siempre a la vanguardia del mundo moderno, ha hecho uso de su carga emocional, factores condicionantes y herencia beligerante, una confrontación de criollos que se debate entre la izquierda y la derecha como en las épocas de antaño entre liberales y conservadores, o más atrás, entre centralistas y federalistas. Un país cuyo pueblo parece adormecido ante la anarquía de sus gobernantes mientras lo saquean y abusan de su potestad. Un pueblo que como ocurriera con las nuevas generaciones del siglo XVI nacían para trabajar bajo el yugo del opresor bajo aparente normalidad, aceptando una realidad impuesta. Sin embargo, hasta la monarquía española tuvo su final cuando el pueblo explotó en cólera, y por consiguiente hubo una re-estructuración social, que si bien ha tenido percances alcanzó su objetivo inmediato, la recuperación de sus tierras y el desarrollo de su pueblo.

Y es con esa misma vehemencia que se debe buscar derrocar los abusos de poder que hoy vemos en Colombia, pero no desde la posición bi-partidista que se pretende seguir contando, tampoco con el uso de la violencia que tantos episodios trágicos ha traído al país, mucho menos con la consigna inmoral que ha arrasado con la dignidad del pueblo colombiano para la obtención desmesurada de poder y es la que lo ha llevado a la corrupción, la pobreza o el atraso que hoy conocemos. Sino por el contrario, mediante una recuperación gradual de la identidad cultural y social del pueblo, rescatando sus orígenes, tradiciones, costumbres e historia. También a través de la educación que le fue restringida en sus inicios y hoy está secuestrada por las clases sociales. Por intermedio de la restauración de la confianza en las instituciones del estado, el cual debe ser un ejercicio articulado, objetivo y transparente entre gobierno y sociedad. De la misma forma la desigualdad debe ser resuelta a fin de poder brindar una proporcionalidad a las minorías en la participación ciudadana efectiva propia de sus derechos personales y cívicos. Y sin lugar a dudas, es imperiosa la definición de un código ético que forje los cimientos para la edificación y construcción social, un reforzamiento de las bases morales desde la temprana edad y un mayor interés por preservar la dignidad bajo la premisa demostrable de un estado-nación que busca un progreso sostenible. Para resumir, se requiere un cambio social que conlleve el desprendimiento de su carga emocional histórica y la adopción de la moral y la ética en el discurrir de sus vidas diarias no por obligación sino por convicción, en otras palabras se necesita de un cambio mental, y en el mundo de las ideas la violencia no tiene cavidad.

Una transformación colectiva solo se logra desde lo individual, y de la misma forma todos los cambios ocurren cuando dejamos de hacer las mismas cosas.

Publicado por Editor

Sociedad Ética Colombiana

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